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Musofobia: el temor desmedido a los roedores

Fobias existen muchas, tantas como sus posibles causantes. En lo que a miedos extremos a los animales se refiere, estos no siempre se presentan ante ejemplares enormes y peligrosos como podría ser un cocodrilo. Hasta un pequeño ratón puede causar fobia. Es la conocida como musofobia.

Zoofobia: el miedo desmedido a los animales

La zoofobia es el miedo extremo que puede padecer una persona ante los animales. Es raro encontrar casos de zoofobia general, pues lo más habitual es que se presente ante animales concretos. Algunas de las zoofobias más comunes son:

  • Miedo a los pájaros (ornitofobia).
  • Miedo a los perros (cinofobia)
  • El miedo a los gatos (ailurofobia).
  • Miedo a las arañas (aracnofobia).
  • Miedo a las serpientes (ofidofobia).
  • El miedo a los roedores (musofobia).

En ese último ejemplo, el de la musofobia, es donde nos vamos a centrar.

¿Qué es la musofobia?

La musofobia es el miedo o ansiedad muy intensa y constante que provoca la presencia de ratones, ratas y otros roedores en general, aunque también puede darse con el simple hecho de intuir su presencia.

qué es la musofobia

Para que se trate de una fobia real, las reacciones ante estas situaciones deben ser desproporcionadas en comparación a la situación real o amenaza.

Además, para ser considerada una fobia, el miedo desmedido debe tener una duración de, al menos, 6 meses.

Características de la musofobia

Dentro de las condiciones que podrían confirmar que una persona sufre musofobia, se encuentran:

  • El miedo o la ansiedad intensa frente al roedor.
  • Ansiedad que surge de forma instantánea al encontrarse frente a él.
  • Resistencia para enfrentar al animal.
  • Se exagera el peligro real que podría ocasionar el roedor.
  • Malestar generalizado debido a este temor desproporcionado, afectando a su vida social, personal y laboral.

Causas de la musofobia

Una persona con musofobia puede temer a los movimientos de estos animales, sobre todo si se mueven repentinamente. No obstante, también podrían temer su simple apariencia física, su tacto o, incluso, los sonidos que emiten.

Normalmente, esta fobia se suele presentar en la infancia y las causas pueden ser muy variadas.

Una de las razones puede ser el aprendizaje básico por la asociación de estímulos. Por ejemplo, puede darse algún trauma tras una mordedura o susto relacionado con este animal, provocando fobia hacia el mismo desde ese momento.

También se puede dar cuando el entorno cercano al niño muestra continuo rechazo antes los roedores. Si el padre o la madre del menor se muestra temeroso ante el animal, puede “contagiarle” el miedo a su hijo.

Por otro lado, cabe destacar que culturalmente también hay una predisposición al rechazo de los ratones y ratas por la posibilidad de transmitir enfermedades y los estragos que ello ha causado a lo largo de la historia de la humanidad.

causas de la musofobia

Síntomas de la musofobia

Entre los síntomas que presenta una persona con musofobia, se encuentran los siguientes.

  • Reacciones fisiológicas: temblores, aumento del ritmo cardíaco, sudores, subida de la presión arterial, ataques de pánico, presión en el pecho, dolor de cabeza, etc.
  • También se pueden dar síntomas mentales, como pensamientos negativos ante la presencia del roedor o pensamientos anticipatorios sobre el daño que podría causarle.
  • Hipervigilancia.
  • Conductas de huida.
  • Evitación.

¿Se puede tratar esta fobia?

Sí, la musofobia, como otras fobias, se puede tratar. El tratamiento más eficaz para ello y más conocido es el cognitivo-conductual con la exposición en vivo (EV).

De manera previa a esta exposición hay que realizar algunas sesiones en las cuales se informe correctamente de las características del animal y se corrijan posibles creencias erróneas sobre él.

Luego se desarrollará un programa basado en la jerarquía de exposición, considerando los niveles subjetivos de la ansiedad que le provoca a la persona el roedor. Algunas ideas para ello son:

  • Ver vídeos o fotos sobre ratas o ratones.
  • Usar la realidad virtual.
  • Exponer a la persona al animal en directo.
  • En pasos más avanzados, pedirle que lo alimente, que lo toque, etc.

Por supuesto, para la realización de las tareas, el terapeuta pude proporcionar las ayudas que se requieran: actuación conjunta, medios de protección como guantes, limitación de los movimientos del animal, etc.

El tratamiento llevará tiempo y necesitará predisposición y constancia por parte de la persona afectada. No obstante, enfrentarse a ello es esencial cuando la fobia afecta a su día a día.

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Auxiliar de Veterinaria, Graduada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid y redactora SEO especializada en contenidos sobre mascotas. Siempre en continua formación para ampliar sus conocimientos sobre el mundo animal.

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